
Cuando partir no es elección: el legado del Chango Huaqueño y el éxodo silencioso de Huaco
El fallecimiento del Chango Huaqueño, el pasado 25 de agosto, desató una oleada de homenajes sentidos en las redes sociales, medios de comunicación y entre quienes lo conocieron...
El fallecimiento del Chango Huaqueño, el pasado 25 de agosto, desató una oleada de homenajes sentidos en las redes sociales, medios de comunicación y entre quienes lo conocieron. Pero más allá del luto, su historia vuelve a poner en escena una realidad que ha atravesado a generaciones completas de ese pequeño rincón del norte sanjuanino: el desarraigo.
Nacido en Huaco, el Chango —además de músico y albañil— fue parte de una gran ola migratoria que, a lo largo del siglo XX, vació de habitantes al otrora próspero valle agrícola que inspiró versos de Buenaventura Luna. A los 15 años, tuvo que dejar su pueblo con toda su familia y trasladarse al Gran San Juan e instalarse en la Villa Novoa, Rawson, sin antes vivir temporalmente en Calingasta y Ullum. No por elección, sino por necesidad.
"Es una historia que se repite en casi todas las familias huaqueñas". Huaco llegó a tener unos 6.000 habitantes, y hoy apenas supera los 1.200. La partida del Chango es también la partida de muchos.
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